09
Sep

Its seizure time!

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Aunque el título es una gran y personal broma, digamos que queda adhoc.

Es difícil ver una situación peligrosa cuando estás en medio de ella y no dejas de vivirla todos los días. Digamos que algo similar me pasó.

Desde hace 5 años, me diagnosticaron epilepsia por un gran golpe que recibí en el lado derecho de mi cabeza. Al principio, sin saber qué era lo que me causaban grandes dolores de cabeza y en ocasiones perder el conocimiento, la situación continúo y continúo esperando “una cura milagrosa”, hasta que fue imposible esperar más.

El neurólogo que visité, de los mejores que hay, rápidamente me diagnosticó y me me medicó. El medicamento causó cosas muy graciosos y también lamentables en mí. Primero que nada debí suspender mis actividades laborales, pues una reacción de la medicina sería “desconectarme”. En segundo lugar, necesite ayuda y cuidados de mis amigos, muchos.

No podía leer, ver tv, videojuegos, escribir, cocinar, conducir… en pocas palabras necesité reposo total. En cierto punto, no recuerdo ni qué pasó o qué hice. Sí recuerdo que me la pasé muy bien, o al menos, que era muy divertida.

Y el tema viene a que el jueves desperté sintiéndome extraña sin saber bien porqué. El cuerpo me dolía, me sentía aturdida, mi capacidad para hablar era lenta, olvidaba palabras, no podía pronunciar otras y en general, el cansancio era notorio.

El viernes me di cuenta. Tuve un episodio de epilepsia y me aterré. A diferencia de lo que mucha gente se imagina, mis crisis no son de convulsiones completas en las que me tire al suelo y me muerda la lengua. Mis crisis se clasifican como crisis parciales complejas.

Consisten en  un aura (en mi caso el sentimiento de temor, agudo) que indica que se está teniendo una descarga eléctrica en una porción del cerebro. A veces las puedo acompañar con alucinaciones visuales o auditivas y en pocas ocasiones puedo perder la conciencia. Eso sí, siempre que tengo una crisis de epilepsia, pierdo el control de una parte de mi lado derecho del cuerpo (puede ser el brazo, la pierna o abrir y cerrar un ojo)

Obviamente el miedo me invadió. Si comienzo a tener estas crisis, deberé medicarme. Para medicarme deberé dejar de trabajar y eso a nadie le gusta.

Afortunadamente tengo a una personita que me apoya incondicionalmente. Desde hoy, nada de bebidas oscuras, de chocolate, un café al día, comida alta en proteínas y una rutina de ejercicios físicos y  mentales que me ayuden a no perder la batalla para controlar estas crisis.

El doctor recomendó jornadas de trabajo acotadas, menos estrés, menos presión, mejor alimentación, ejercicio y olvidar que tengo epilepsia, eso me da muchísima ansiedad y empeora todo.

Así que nuevamente, aquí estamos; luchando contra eso que vive en mi y que ni siquiera sé cuando se puede presentar.

La cosa está bien, sólo es cuestión de cuidarse.

 

Imagen: viiviienna

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